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Enrique Ponce, el primer impacto en Valencia: debut y puerta grande con apenas diez años


Plaza de toros de Valencia. Domingo de Ramos. Se lidiaron novillos de Sánchez Cajo, adecuados en volumen y que dieron un juego desigual. Junto a varios buenos, salieron dos realmente problemáticos que fueron el segundo y el sexto. La nota triste del festejo fue que el becerrista Fernando Iglesias tuvo la mala suerte de clavarse una banderilla, lo que le impidió continuar la lidia. Carmelo, el único que no había participado en Monte Picayo, estoqueó dos novillos y cortó una oreja por su arrojo y empeño. Ramonet anduvo bullidor y también cortó oreja. Miguel Asensi conectó rápido con el público con su toreo de pellizco también se llevó una oreja. Rafael Asensio tuvo que pechar con el manso sexto, que le impidió toda posibilidad de torear y se fue de vacío.

Según relataba nuestro director José Luis Benlloch en su crónica para Aplausos: “El gran triunfador de la tarde fue Enrique Ponce, sobrino-nieto de Rafaelillo. Ni un pero a su actuación, todo medido, exacto, como si de un matador de toros cuajado se tratase. Ni un paso atrás, con un sentido de las distancias realmente sorprendente, con gusto, sintiéndose y acompañando las embestidas con el pecho. Hablar más sería entrar en peligro de que me llamaran exagerado. No importa, porque es verdad y ahí estuvo la afición para testificar. Si en lugar de tener diez años, se hubiese tratado de un debut con caballos, habría que decir que habíamos descubierto el hombre. La espada desvaneció el premio que quedó reducido a una oreja, pero es que no podía ni mantener la tizona derecha”.

Tal fue el impacto de Enrique Ponce, que el mismísimo Manolo Camará, hijo del legendario apoderado de Manolete y empresario de la plaza, aplaudía sin rubor puesto en pie y comentaba: “Desde Manolete no me había puesto en pie para aplaudir a un torero”.

En el epílogo de la crónica dedicaba unas bellas palabras a los jóvenes toreros: “No sé si alguno de estos chiquillos será figura, si continuará con los toros o se decidirá por los libros, pero la fecha de ayer, ese juego emotivo y tremendo, de hacer el paseíllo y triunfar como los hombres en Valencia, estoy seguro que no se les olvidará. Hoy serán héroes en el colegio, se sentirán importantes y a buen seguro que atraerán a nuevas vocaciones a la Fiesta”.





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